Retazos de recuerdos

 Invierno de 2006


Pedí ir a la agraciada, porque allá siempre era verano. 

El pueblo envuelto en campo fresco y abandono. El arroyo que es playa, donde vi una vaca, que yo sabía que se había ido.

Agraciada es un cuento, tenia un patio con flores que dan jugo, la lantana cada vez más naranja, Los conejos, los sapos y las arañas, el plástico de los juguetes casi por vencer, aún me cuentan historias. Pero el mejor patio, era el del fondo, cruzando un arco de hierro para trepadoras ausentes, había un patio habitado hacia largas vidas, a la abuela le recordaba alguna cosa fea que murió con ella. El patio tenía una higuera que sé que me quería, solo yo le alivianaba el peso de sus ramas comiéndome sus frutos, bajo sus ramas un banco con una mesa que alguien hizo algún día y que nunca me importo, porque ese patio se sentía viejo como el mundo. Tenía los yuyos y la maleza que desterraban del otro patio. Y en un galponcito de chapa en el que Fantaseaba vivir, se coló un día una flor, con ramas como rulos, en un principio no le creí, no le creí que existiera, pero con mis manos me convenció y me calló tan bien que busque a mi padre, lo llevé de la mano y se ve que también le calló bien, porque la nombró mburucuya pasionaria. De mis primeros celos, yo quise haber nacido con ese nombre.



Otoño de 2004


Después del almuerzo fui a convidarle un jugo lleno de baba a mi vecino, salí por atrás y me metí a su patio. Y lo vi, era una siesta prematura, lo vi sobre una lona de colores, abajo de un sauce, con una mujer que parecía ser de verano, se miraban como yo una vez vi una mimosa púdica. Se tocaron los rostros como cuando tocaba esa mimosa púdica. En ese momento supe que a eso se refiere la gente cuando habla de hacer el amor, y no entendí la vergüenza detrás de esas palabras cuando Las pronunciaban. 

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