Retazos de Marcella.
Montevideo (Uruguay, un día de)
A ti.
Qué día aquel día de lluvia, ¿ no?
Debo admitir, ahora con la lejanía del tiempo que me protege, que algunas de tus palabras ese día me generaron profundas ganas de apuñalarte, es una fantasía que tengo, lo pienso cada que se presenta la oportunidad. Qué gracioso, imagínate como hubiera sido esa tarde si te apuñalaba, finciendo ir a la cocina por un vaso de agua y volver con mi navaja mariposa bajo las mangas anchas, y, acostados en la cama, entre tus palabras confusas que eran reflejo de la inmundicia asquerosa del mundo, zácate, te apuñalaba en la pierna, no lo haría en el estómago porque esa parte tuya es muy blanca y no me gusta esa sensación, es difícil atravezar las capas de carne en esas zonas, además tampoco quisiera matarte. ¿te imaginas? Hubieras entrado en shock y la cama se hubiera arruinado para siempre, mis sabanas, mis sabanas eran nuevas, un horror para ambos.
Pero también hay buenos recuerdos, éramos buenos amantes, nodiría que buenos charladores porque la verdad, no me diste el tiempo de soltar la boca, viste como soy yo, lenta, me voy abriendo como capullo de bicho canasto, a la polilla macho me refiero, porque la hembra nunca sale del capullo y cuando este se abre su boca deja de ser funcional (cosa que en mi analogia no tendria sentido) y se queda ahi esperando que la fecunden, ¿no es abominablemente horrible? los humanos somos parecidos a los bichos, tendriamos que involucionar en cuanto a la conciencia, para vivir mas tranquilos. Volviendo al tema relevante, luego de romper tremendo capullo tosco de palos, como macho polilla que soy, hubiera yo entregado todo de mi, con mi boca, con mis patas, con mi lomo peludo y esas alas de hada, y luego de tres días de amor me hubiera muerto. Que suerte que no nos dio el tiempo he, porque yo hace años me comprometí con la vida, y capaz dentro de poco nos casemos, no te vamos a invitar a la fiesta, perdon, ya le conte todo sobre nosotros y no le gustó, me dice cosas, opina, yo no le doy mucha bola, la verdad es que no la amo realmente, y no creo que ella me ame a mi, me ha hecho cadas cosas... que ni te cuento, pero el respeto, algo en ella me genera respeto y entonces la Escucho, aunque no le haga caso.
De una desconocida de nombre Marcella.
Se fue, y pronto todo lo anterior a la despedida se sintió como un recuerdo ajeno, tenía la espalda fría, no quería girar y ver eso que ya no era mío.
Pero giré, de lo contrario no habría trama, giré y vi las sabanas negras, con perfume de hombre, una persona sola, con los ojos enlagrimados y rodeados de un color amarillento. Todo se había destruido. La caricia artificial del pasado, y con pasado, me refiero a hace un momento, me rasguñaba la cara sin dejarme dormir, a su vez, no deje ni un segundo de dudar de toda aquella situación, del hombre en mi cama, de su perfume y de mi propia angustia. (Y es acá, en este espacio, físico, entre dos paréntesis, donde les cuento que jamás lo supe, y es hoy en mi lecho de muerte, donde me sigo preguntando, si ese hombre era real)


Comments
Post a Comment